FELIZ AÑO 2024. Bienvenido. Aquí me encuentras nuevamente como hace años atrás,
sentado en mi sillita playera, frente a la bahía de Santa Rosa. A la sombra de estos cente-
narios eucaliptos rubrus, sus raíces culebreando en la arena, rodeado de torcacitas, gorrio-
nes y tordos que picotean a mi alrededor, ignorando mi presencia.
Contemplo el horizonte, las aguas del Rio ancho como mar. Me dejo envolver por el silen-
cio, mientras el aire fresco de la mañana acaricia mis casi 83 años de VIDA. Cierro los
ojos. Sin pensar, aparecen los Reyes Magos. Me trajeron de regalo un cinco de enero
hace varios años a dos de nuestros nietos, Faustino y Agustín. Mi compañera de la vida
desde hace 58 AÑOS Olga Piriz Reyes me alcanzará en mis 82. “ Me encierro en mi
capsula especial y viajo. Prodigio del cerebro, me traslada en un segundo a través de
la bruma del espacio- tiempo, a mi lejana infancia – 4 años tal vez, a mi pueblo natal,
Tala. 1945. -Contexto Segunda guerra mundial. El rancho de paja y terrón donde nací.
La pobreza material de nuestros padres, sin saber leer ni escribir, que hacían Magia para
nuestro sostén. La vaca lechera negra, algunos durazneros” guachos”.
Noche de REYES, con ilusiones infantiles guardadas en secreto… ¿Qué me traerán? So-
ñaba con un autito a pedal, aquellos que brillaban en las vidrieras de la Barraca frente a la
plaza del pueblo. Había que dejarles agua y pastito para los camellos cerca de las gastadas
zapatillas “rancheras ”. El viaje de los REYES era muy largo. Llegaba la ansiada noche,
había que acostarse temprano, simulando estar dormido escuchando en silencio por si lle-
gaban aquellos Reyes, Melchor, Gaspar y Baltazar. A la mañana del 6 de enero muy
temprano, restregándome los ojos por la ansiedad disimulada. Ir a ver… Yo me había por-
tado bien, excepto algunas “diabluras” y picardías propias de la edad. Habían pasado.
Varios caramelos, cinco vintenes de la época y la que mejor recuerdo, una vaquita overa
con manchas marrones, de madera sobre cuatro rueditas”
Los años me enseñaron la Magia de los Reyes que fueron mis modestos padres y mis dos
queridos hermanos. Me brindaron su amor, su entrega, su compañía permanente, su estí-
mulo para superar dificultades y carencias; la confianza y la credibilidad; valorar la esca-
sez material y hacer milagros, compartir, no ambicionar lo material, a honrar el trabajo y el
sudor, las lágrimas a veces de impotencia, con la frente en alto, la fidelidad a la palabra
empeñada y la comprensión del otro. A valorar la felicidad de una familia unida, el apoyo,
la cercanía y amistad de otros niños “más ricos” pero que no habían tenido “oportunidad”
de hacer cometas, ni fabricar caretas, ni tirar los trompos, tenían muchas bolitas y figuri-
tas, pero no necesitaban la destreza desarrollada desde las carencias. Me enseñaron el
valor del estudio y el trabajo, a soportar el sufrimiento, superar fracasos, persistir en su-
perar debilidades, corregir errores, pedir perdón y ser agradecido. Valorar y AGRADE-
CER cada día de vida. El viaje de la memoria me regresa a mi sillita con una serena son-
risa. Tal vez alguna basurita o lágrima me enturbia los ojos de felicidad.
Néstor Recoba López

PD :BUEN 2024.Feliz Noche de Reyes.